LA MUERTE DE UN PADRE

muerte de un padreEl fallecimiento de un padre es siempre traumático para un niño y puede contribuir, a que en una fase posterior de su vida, aparezcan diversos problemas, pero estos pueden ser aminorados o suprimidos si se proporciona al niño la orientación y el apoyo adecuados.

Los niños se sienten afectados por la pérdida de uno de los padres, de muy variadas formas, dependiendo de diversos factores: la brusquedad de la muerte, la edad del niño en el momento del fallecimiento y el tipo de relación que unía al niño con el difunto.

 

La muerte del padre o de la madre.

Tras la muerte de un progenitor es posible que en un principio los niños se culpen a sí mismos o al padre superviviente de lo que ha sucedido. Sí ha muerto tras una larga enfermedad, los niños pueden sentir, que no le prestaron atención suficiente en sus últimos días. Algunos hijos pueden sentirse tan afectados por el dolor y la depresión del padre vivo como por la propia muerte del otro.

Los niños, sea cual sea su edad, pueden mostrar unos cambios inmediatos en su comportamiento: mostrarse retraídos o exigentes, comportarse de una manera hostil y suspicaz, dejar de comer, sentir miedo cuando se quedan solos. Todas estas reacciones son completamente naturales y deben desaparecer rápidamente, si el padre o la madre, logra restablecer una atmósfera de seguridad en el hogar. Los efectos a largo plazo dependen considerablemente de la forma en que cambie la vida del niño. Trágicamente, algunos niños menores de 3 años experimentan un daño emocional permanente, cuando se les priva de unos lazos afectivos necesarios para el desarrollo de una personalidad equilibrada. En especial, los padres viudos ante esta delicada situación, deben buscar el asesoramiento de una persona experta que les enseñe a compensar la pérdida del padre o de la madre.

Cuando el hijo es suficientemente mayor, para comprender exactamente lo sucedido, es posible que se aproxime aún más al cónyuge superviviente, buscando una compensación por la pérdida del otro. Aunque no hay nada malo en que un niño establezca una relación muy estrecha con uno de los progenitores, un contacto frecuente con una persona del mismo sexo que el padre fallecido, puede ayudar a conseguir el equilibrio sexual que precisa un niño y que obtiene automáticamente en una familia en la que viven el padre y la madre.

Los hijos en edades comprendidas entre los 9 y los 16 años, pueden sentir de forma muy aguda la ruptura de la vida familiar, ya que ésta es una época en la que precisan de una considerable ayuda durante el difícil período que supone el paso de niño a adulto. La ausencia de uno de los padres puede agravar las tensiones en esta difícil etapa: El muchacho se sentirá, quizá, especialmente afectado por la pérdida de su padre y de manera similar, una chica se sentirá más afectada por la pérdida de su madre, ejemplos a seguir para modelar su personalidad en esta fase de desarrollo. Las tensiones causadas en los adolescentes por la ausencia de un progenitor del mismo sexo, que les oriente durante este período, puede afectar a su rendimiento escolar, así como a su desarrollo sexual y emocional.

A menudo la pérdida de uno de los padres es más traumática para el hijo único. Un niño que tenga hermanos y hermanas será capaz de compartir su pena con ellos, y de esa relación surgirán sentimientos de seguridad mutua, por la presencia de los demás. El hijo único puede sentirse profundamente aislado y necesitará estímulos y apoyos adicionales.

perdida del padre

Muchas personas creen que la pérdida del padre o de la madre durante la infancia, hace al niño incapaz de constituir unas relaciones estables cuando llegue a la edad adulta. En realidad y si durante la niñez, se logra crear un ambiente de felicidad y seguridad, hay muchas probabilidades de que tenga una vida adulta feliz y completamente normal. Con frecuencia, estas personas necesitan de una seguridad suplementaria, para superar el temor a sufrir de nuevo tan dolorosa pérdida. En sus relaciones adultas, al principio, se mostrarán precavidos a la hora de contraer un compromiso a largo plazo, pero también  pueden volcarse  completamente en la relación, una vez que hayan decidido establecerla.

Sin embargo algunos niños educados por un solo progenitor o en instituciones, poseen un fuerte resentimiento por lo que les sucedió. Y si esa actitud no se modifica a lo largo de la niñez, puede ser un factor determinante de problemas en sus posteriores relaciones.

En los peores momentos de dolor, por la muerte de su cónyuge, le será muy difícil, al padre o la madre, concentrarse en sus hijos pero es esencial darles una explicación. Los niños muy pequeños, incapaces aún de comprender el significado de la muerte, se contentarán muchas veces con frases como “papá o mamá se ha marchado”. Los niños de más de 7 años, ya se hayan más familiarizados con la idea de la muerte; es posible que tengan la experiencia del fallecimiento de un pariente o de una mascota querida y esa experiencia puede ser un punto de partida para dar una explicación satisfactoria. Es muy normal, que los niños pequeños acepten de inmediato los hechos y que, algún tiempo más tarde, empiecen  a formular más preguntas.

Muchos padres tratan de ocultar su pena para proteger a sus hijos. Pero, frecuentemente, es mejor no ocultar los sentimientos y decirles: “Estoy triste porque mamá o papá se ha ido”, pues así, se da paso a un consuelo mutuo. Es perjudicial mentir a los niños para evitar que hagan preguntas o decirles que volverá de nuevo a casa el padre fallecido.

A los adolescentes es preciso proporcionarles toda la información sobre las circunstancias de la muerte y dejar que participen en las conversaciones respecto del futuro. Con esta actitud muchos padres viudos, encuentran en sus hijos adolescentes un gran consuelo y a su vez los hijos son más capaces de soportar su propia pérdida, sabiendo que han consolidado la relación con el padre que aún vive.

La sensación de estabilidad de un niño depende, no sólo de los padres, sino también del hecho de que considere que cuenta con una base firme gracias a su entorno familiar. En consecuencia y tras la muerte del padre o de la madre, lo más corriente es que los chicos reaccionen y se comporten anormalmente, si de repente se sienten alejados de su ambiente habitual. Por eso es mejor que permanezcan en casa y que se conserven, hasta donde sea posible, las costumbres familiares tradicionales.

Algunos padres tratan de compensar esta pérdida, mostrándose excesivamente tolerantes con sus hijos, pero es mucho más importante demostrarles afecto y dedicarles tanto tiempo como resulte posible.

A veces el cónyuge superviviente se abstiene de buscar una nueva relación de pareja, pensando que esto podría perjudicar a sus hijos. Desde luego, una sucesión de amantes, con quienes los niños tuvieran que competir por el cariño, podría resultar nocivo, pero formalizar una relación estable, con una persona comprensiva, podría ser beneficioso para todos. Podría contribuir a aliviar la carga de quién se ha quedado al frente de la familia y proporcionar a los chicos seguridad y un modelo de relación satisfactoria entre adultos.

Autor:

Gerardo Castaño de “Psicologos Madrid” http://www.nuestropsicologoenmadrid.com

Fuentes:

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *